miércoles, 2 de septiembre de 2009

El papel de la universidad

Es importante destacar que la universidad está llamada a cumplir un papel fundamental en un proceso de concientización social sobre el valor del conocimiento. La tarea de investigación y desarrollo en el ámbito universitario tiene una relevancia especial debido al irremplazable papel de estas instituciones en la educación de las nuevas generaciones. El impacto social de la creación de conocimiento crece en tanto y en cuanto estas tareas se integran a la docencia, logrando que los investigadores contribuyan a mejorar la calidad de la enseñanza superior y que tengan incidencia en la formación de profesionales. En la medida en que la universidad pueda integrar las distintas dimensiones de su complejo quehacer, habrá una influencia recíproca entre sus distintos sectores. Cuando eso se logra, los cuadros directivos de las empresas, formados en carreras profesionales, que luego integran las clases dirigentes, pueden adquirir la convicción necesaria para confiar en que las propias universidades y las instituciones de ciencia y tecnología pueden ayudar a encontrar respuesta a los distintos problemas de la producción o de la organización empresaria.
La inclusión de resultados de las investigaciones realizadas en la propia universidad en el contenido curricular y el contacto permanente de los docentes con los investigadores más activos es una valiosa herramienta para mantener el interés de los alumnos. En algunas universidades esta relación funciona bien, mientras que en otras queda tarea por hacer.
La asociación universidad-empresa genera algunos resquemores en ambientes académicos. La universidad debe estar alerta al cuidado de la calidad de una formación general amplia, con las particularidades científicos-tecnológicas que cada caso requiera.
Como las políticas de educación se caracterizan porque los efectos de las medidas que se impulsan demoran muchos años en producir efectos perciptibles, es fundamental asegurar la continuidad de estas acciones del sector, para que no queden sólo como un recurso surgido como paliativo a la crisis.
De lo que se trata es de creer en nosotros mismos a pesar de la critica situación presente; y aprovechar esta crisis para salir de ella fortificados, apuntando a un robustecimiento de las instituciones dedicadas a la creación de conocimiento, ligado a la generación de industrias que permitan lograr un perfil exportador más equilibrado para el país.

Un problema de fondo

En la crisis actual, a veces se piensa que los problemas de la Argentina son transitorios, se atribuyen las dificultades a la situación de los bancos y al crecimiento desmedido de la deuda, los cuales por supuesto son factores negativos de indudable peso, que junto a la corrupción y a la evasión impositiva traban el sistema productivo. La corrección de estos factores es una condición necesaria para la salida de la crisis, debe reconocerse que esas situaciones enmascaran los problemas de fondo.
A estas dificultades hay que sumar el hecho de que los países industriales subsidian su propia producción primaria, lo que nos deja todavía más indefensos para colocar en el exterior lo que producimos.
Es sabido que la ciencia es una fascinante aventura emprendida por la humanidad en su afán por comprender el mundo que nos rodea, y por ello encierra elevados valores interculturales y culturales. Es muy importante para nuestro país contar con pensadores que participen de los avances de las distintas áreas del saber, y que se sumen a la hazaña de ampliar las fronteras de lo conocido.
Es verdad que el desarrollo de la investigación básica en ciencia le da a un país la posibilidad de participar en el quehacer de la cultura humana, es que el desarrollo de tecnología requiere el juego de variables más complejas, rozan la cultura empresarial y econímica de una sociedad.
La actividad del conjunto científico-tecnológico se parece más a un ecosistema que a una cadena de producción. Un ambiente de convivencia de trabajadores es ciencia y tecnología es un ámbito propicio para la creación en todo sentido ya que la posibilidad de la interconsulta y el diálogo interdisciplinario enriquece a todos los actores.
Sachs decía: "Los que hicieron las reformas de mercado se concentraron en reducir el tamaño del Estado, pero se olvidaron de su papel en aumentar la capacidad tecnológica del país.
Una economía de alta tecnología necesita universidades fuertes, con altos índices de matriculación y un apoyo a gran escala del gobierno para la investigación científica (...) La suerte de la Argentina nos enseña mucho sobre las estrategias de desarrollo.
El país tiene mucho a su favor: un alto nivel de alfabetización, una población sana, una economía agrícola altamente productiva y una base fuerte de recursos naturales. La Argentina ha tenido éxitos económicos, con un nivel de ingresos, ajustado a poder de compra, de alrededor de un tercio del estadounidense, y está más adelantada que muchos países del mundo. En la economía global hoy, las ventajas comparativas internacionales se basan principalmente en el conocimiento y en la capacidad de aplicarlo a tecnologías nuevas. Los países necesitan estrategias para promover la educación y la innovación tanto como las requieren para mantener la estabilidad macroeconómica y un ambiente empresarial sano.
Las características del comercio exterior argentino indican el subdesarrollo que nos afecta, y reflejan nuestro creciente retroceso. La mejora de nuestra situación, mediante el cambio hacia una economía menos vulnerable a los vaivenes de las finanzas especulativas, depende más del incremento de la calidad de lo que vendemos en el exterior que de los volúmenes exportados. El cambio de esta situación es un proceso lento, requiere modificar actitudes de los actores del sistema productivo, del sistema financiero y del Estado. El elemento fundamental para lograr un cambio consiste en apreciar el valor económico de la educación y del conocimiento.
A lo largo de los años y como fruto de las repetidas interrupciones a la democracia y, más tarde, a causa de las políticas económicas en boga y el debilitamiento del papel del Estado, aquí se ha abandonado la idea de que educación, ciencia y tecnología sean factores que pueden influir en la economía.
Esto nos pone en una situación de marginalidad, en momentos en que la riqueza de las se concentra en aquellos países que han convertido a la exportación de materia gris en algo más apreciado que la exportación de materia prima. Los países no tienen una ciencia bien desarrollada porque son ricos, sino que son ricos porque tienen una ciencia bien desarrollada.